La mayoría de las enfermedades de la piel adquieren gran protagonismo en la vida de quienes las padecen. Lo expresaba con sencillez un paciente al afirmar que “la psoriasis se ha convertido en la protagonista de mi vida, es algo a lo que le doy vueltas las veinticuatro horas del día”.
Estos trastornos permanecen en lo cotidiano durante tanto tiempo, que se corre el riesgo de terminar identificándose con ellos. Expresiones como “nosotros, los psoriásicos” denotan una profunda identificación con la enfermedad en detrimento de otras áreas de la vida de las personas que aún permanecen intactas. Muchos de los pacientes que acuden a las consultas de un psicodermatólogo lo hacen porque se sienten desbordados, hallándose en una situación muy vulnerable para el desarrollo de un trastorno depresivo.
La cronicidad de estas patologías dermatológicas, acarrea un gran sufrimiento



