Actrices como Reneé Zellweger, Uma Thurman o Megan Fox, son blanco de críticas en redes sociales y medios de comunicación por sus impactantes -y no siempre favorecedores- cambios de imagen, presuntamente, a través de intervenciones con cirugía estética. El impacto mediático ha sido tan extendido que se ha llegado incluso a popularizar la expresión “hacerse un Zellweger” para describir este fenómeno.
Entre los comentarios, muchos se preguntan qué motiva a una persona a solicitar intervenciones estéticas con tanta frecuencia, y por qué las demanda si aparentemente no lo necesita. ¿Se puede plantear la existencia de una enfermedad mental como base?, ¿Se trata de una adicción?
Las respuestas a estas preguntas no son sencillas ya que requieren de un profundo conocimiento de las circunstancias y motivaciones íntimas de cada uno. Por supuesto, no puede concluirse que un mal resultado estético, la mera frecuencia de las intervenciones, o la edad de quien las demanda, sean indicadores de la presencia de un trastorno mental. Son muchas y variadas las personas que acuden a este tipo de tratamiento y lo hacen por motivos psicológicamente saludables.
En salud mental el trastorno dismórfico corporal (también conocido como Dismorfofobia) describe fundamentalmente este problema. Este trastorno acoge, entre otros, los casos de aquellas personas que buscan de forma insana un cambio de imagen a través de diversos procedimientos, entre los que se encuentran las intervenciones quirúrgicas.
El trastorno dismórfico corporal se describe como una intensa preocupación por los defectos e imperfecciones percibidas en el aspecto físico de la persona, tanto si no son reales como si, existiendo, se les da una importancia desmesurada. Rechazo por defectos localizados en la nariz, la piel, el cabello, los senos, nalgas, labios u orejas son algunos de los más comunes en este tipo de afección.
La preocupación en esta patología adquiere una intensidad obsesiva, aspecto que provoca frecuentes y repetitivas comprobaciones (verse en el espejo, pesarse, medirse, palpar, iluminar), así como excesivas vueltas a la cabeza sobre el aspecto físico. Todo ello desemboca, entre otras conductas, en la búsqueda compulsiva de tratamientos estéticos (no siempre avalados por la comunidad científica) con el fin de aliviar la angustia por un cuerpo que se rechaza irracionalmente. El problema es que, al tener un origen psicológico y no tanto estético, no se termina nunca por sentirse satisfecho a pesar de todos los tratamientos y se acaba por buscar otros nuevos con mayor angustia y escaso control de sí mismo.
Uno de los aspectos clave que confirman el diagnóstico es que esta circunstancia esté repercutiendo en la vida cotidiana del paciente. Cuadros depresivos, ansiedad, aislamiento social, abandono de ocupaciones diarias, laborales o de ocio, son algunas de las consecuencias más frecuentes de este trastorno. Se puede, incluso, llegar a situaciones de ruina familiar por importantes deudas adquiridas con tal de buscar soluciones.
Quienes padecen este trastorno suelen negar que tengan ningún problema psicológico. Persisten en la idea de que serían felices si consiguieran "arreglar" su defecto físico, sin darse cuenta de que tras cada intento aumenta su desazón. Los familiares y personas más cercanas son lo que antes se percatan del problema. Al proponer como solución acudir a un especialista en salud mental suelen encontrarse con el rechazo frontal de la persona afectada. Consideran que su problema reside no tanto en hablar con un psicólogo como encontrar un profesional que mejore su aspecto físico, siendo la primera opción incluso ofensiva para ellos.
Una de las vías más efectivas para facilitar que estos pacientes acudan a un especialista en salud mental es a través de la confrontación del problema real con su médico de cabecera, un dermatólogo o cirujanos plásticos, entre otros. Son ellos quienes, con formación en estas patologías y buscando la alianza con el paciente, terminan por abordar el problema y frenar el circuito de consulta con múltiples especialistas en lo estético.

No hay comentarios:
Publicar un comentario