viernes, 17 de enero de 2014

¿QUÉ ES UN PSICODERMATÓLOGO?

El psicodermatólogo es un profesional de la salud mental (normalmente psicólogos clínicos o psiquiatras) especializado en el tratamiento de problemas psicológicos asociados a enfermedades de la piel.
La psicodermatología surgió ante la evidencia científica y la práctica clínica diaria que mostraba cómo muchos pacientes que acudían a las consultas de un dermatólogo, presentaban alteraciones psicológicas y, en algunos casos, trastornos mentales claramente identificados.
Acudir a la consulta de un dermatólogo y que éste plantee al paciente la posibilidad de recibir apoyo psicológico puede resultar desconcertante en un principio. Aparentemente existe poca relación entre, por ejemplo, la psoriasis o la alopecia areata y las alteraciones psíquicas. Sin embargo, quienes las padecen tienen la experiencia de haber sufrido un empeoramiento en la evolución de su enfermedad -incluso la aparición de nuevos brotes- durante épocas de mayor estrés o conflictos personales.
Muchos de estos pacientes son capaces de manejar estas situaciones, pero otros tantos se sienten desbordados. Contar con la ayuda y el apoyo de un psicólogo clínico puede mejorar la calidad de vida del paciente, así como incidir en la mejoría del trastorno de la piel.
¿En qué puede ayudar un psicólogo clínico?
Ante la sospecha por parte del dermatólogo de alteraciones psicológicas en el curso de una enfermedad dermatológica, se plantea la derivación a un psicólogo que trate estas cuestiones. En la exploración psicológica se abordan, entre otras, las siguientes áreas:
  • Causas próximas: serían aquellos conflictos (problemas familiares, laborales, de pareja, etc.) que están ocurriendo en ese momento, alterando el estado anímico de la persona e influyendo en el curso del trastorno de la piel.
  • Causas remotas: son conflictos antiguos (normalmente asociados a la infancia) que median indirectamente en el manejo inadecuado de los problemas actuales (estilos educativos recibidos insanos, traumas sufridos, temores no resueltos, etc.). Normalmente se manifiestan a través de rasgos disfuncionales de personalidad e influyen vivamente sobre la forma de afrontar los problemas.
  • Impacto en la calidad de vida: en muchos casos, el padecer una enfermedad dermatológica conlleva un grave impacto psicológico debido a consecuencias como: malestar físico, limitaciones en la vida cotidiana, impacto estético, etc. Todo ello precisa de apoyo psicológico orientado a mitigar este sufrimiento añadido.
  • Estrategias de afrontamiento: es importante conocer cuáles son los aspectos más positivos de cada paciente porque serán cruciales para lograr su recuperación.
Tras la exploración de estas áreas es posible trazar un plan de tratamiento que ayude a resolver los problemas o, al menos, mitigar el sufrimiento. Este plan se puede centrar en los siguientes aspectos:
  • Resolución de conflictos: se centra en el entrenamiento de estrategias para abordar los problemas, alternativas a la formas de vivirlos, etc.
  • Manejo de síntomas: se trabaja sobre la comprensión de los síntomas (ansiedad, ánimo negativo, etc.) y, por medio de diversas técnicas, se enseña a manejarlos para mitigar el sufrimiento y la incidencia sobre la alteración de la piel.
  • Prevención de recaídas: es importante el conocimiento de sí mismo para determinar cuáles son los factores de riesgo y así prevenir futuras recaídas. Se trata de tenerlas en mente y elaborar estrategias preventivas.
  • Psicoeducación: son aquellos aspectos básicos que hay que conocer en lo referente a la relación entre los conflictos psíquicos y las enfermedades de la piel.
La ayuda que un psicodermatólogo puede aportar en estos pacientes es fundamental. El trabajo multidisciplinar es el que ofrece la máxima garantía en el tratamiento de cualquier enfermedad.


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