viernes, 21 de febrero de 2014

CONOCER EL ESTRÉS

En el libro “El arte de la Guerra”, el general Sun Tzu afirma que “si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro”. Esta misma idea podría aplicarse a nuestra lucha diaria para combatir el estrés. Para no “correr peligro” es fundamental conocerse a sí mismo (nuestra forma de reaccionar frente al estrés), así como conocer al “enemigo” (saber cuáles son los mecanismos de acción del estrés).
En pacientes con enfermedades de la piel esto es especialmente relevante. Cuando acuden a tratamientos psicológicos es importante que entiendan cuáles son las diferentes etapas del estrés, cómo reacciona su organismo en cada una de ellas y cuáles son las estrategias más eficaces para combatirlo.
Hans Selye, reputado médico en los años 50, propuso una teoría en la que describía los síntomas del estrés y cómo éste afectaba a nuestro organismo. Su teoría tiene aún vigencia y es conocida como Síndrome General de Adaptación. Selye describió tres fases diferentes (alarma, resistencia y agotamiento) propuestas en función de la intensidad del evento estresante y el tiempo en que se mantenía presente...
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A. FASE DE ALARMA
Esta etapa surge como consecuencia de nuestra reacción inmediata frente a una situación estresante muy intensa. El cuerpo se activa para afrontar el problema con todas las energías disponibles.
Durante esta fase se produce un alto consumo energético acompañado por gran tensión muscular, atención en túnel (sólo nos fijamos en lo que nos resulta amenazante), cansancio, inquietud, sudoración, ansiedad, etc.
Los aspectos psicológicos juegan aquí un papel clave para sobrellevar esta situación. Dependiendo de cómo percibamos lo que acontece podremos afrontar el problema con mayor garantía de éxito o no.
Las intervenciones más eficaces en esta fase tienen que ver con la forma en que interpretemos lo que está ocurriendo, nuestra capacidad para resolver el problema y técnicas como la relajación o la distracción para el manejo ante un exceso de activación fisiológica (por ejemplo, crisis de ansiedad).
B. FASE DE RESISTENCIA.
Es una etapa posterior a la de alarma. Se activa cuando el estresor que provocó la fase anterior no se ha resuelto y aún está presente. Mientras que en la fase de alarma activamos todos nuestros recursos energéticos para solucionar el problema, en ésta reducimos esta activación preparándonos para resistir por más tiempo.
Los sistemas y órganos menos necesarios para nuestra supervivencia (como el digestivo o el reproductivo) disminuyen sus funciones provocando alteraciones digestivas o disfunción sexual. En cambio, se produce un aumento del sistema inmune (el cual nos protegerá frente al desgaste).
Algunos de los síntomas más frecuentes en esta fase son: dolores de cabeza, dolor muscular, fatiga, desórdenes estomacales, insomnio, pesadillas, alteración del apetito, irritabilidad, problema de atención y concentración, pesimismo, etc.
En estas situaciones conviene no dejar de lado los intentos por resolver la situación, pero alternándolos con actividades que nos desconecten temporalmente del problema (estar con más gente, variar de tema de conversación, hacer ejercicio físico, cuidar el sueño y la alimentación, etc.).
C. FASE DE AGOTAMIENTO.
Esta fase se instaura cuando el problema que genera estrés se ha convertido en algo crónico. El organismo sufre un desequilibrio y no puede continuar con el esfuerzo.
Es aquí cuando surgen las enfermedades psicosomáticas como migrañas, trastornos gastrointestinales, úlceras, trastornos de la piel, trastornos hormonales, supresión inmunitaria, trastornos del estado de ánimo, cardiopatías, etc. Es la fase de mayor vulnerabilidad en pacientes dermatológicos y de más difícil solución. En estas situaciones, la intervención de los diferentes especialistas según la sintomatología presentada resulta indispensable.
En las consultas de psicología se plantea la necesidad de cuidar el descanso, se trabaja la recomposición psicológica del paciente (dañada después de tanto desgaste físico y emocional), la búsqueda de alternativas al problema y el fomento de apoyos externos eficaces que ayuden a sobrellevar esta etapa tan destructiva del estrés.


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